¡Ah! Mal de amores…
“¿Y, hablando de velas, se puede saber por qué la tristeza que te vela la mirada?
Yo hago un ademán de “no tiene importancia”.
Durito interpreta y dice: – ¡Ah! Mal de amores… Pausadamente deja de lado martillo y serrucho, desembarca y, sacando su pequeña pipa, se sienta a mi lado.
- Me supongo, mi futuro espolón de proa, que lo que te tiene triste y apesadumbrado no es otra cosa que una fémina, una hembra, una mujer pues. Yo suspiro. Durito sigue:
- Mira, mi querido marinero de tina de baño, si quien os desvela es una mujer, pero una de única, entonces el mal es grave pero el remedio posible.
- Yo me confesé – Resulta que si, que es una mujer, una de única, ella que es mar por muchas cosas más que el “<tania!>” que la nombra. En mala fecha me alejé de ella y ahora no encuentro el modo o forma de que me acoja de nuevo en sus humedades, que olvide malas tempestades, que me perdone pues.
Durito da una larga bocanada y sentencia:
- Grandes y graves son tus faltas y extravíos, pero algo podré aconsejarte si prometes seguir mis indicaciones al pie de la letra.
Yo dije “si” con un entusiasmo que hizo a Durito saltar del susto. Como puede se recompone el parche del ojo y dice:
- Es preciso recurrir a un hechizo. En el amor el mundo es, como siempre, un rompecabezas, pero resulta que si uno de único se encuentra con una de única, las piezas adquieren sentido y forma y el rompecabezas se dilata y rompe caras, brazos y piernas.
- Y pechos-, digo yo frotando la angustia que siento en el mío.
- Bueno, a lo que voy es que el hechizo sólo tendrá efecto si ella, la Mar en tu caso, está dispuesta a someterse a él porque si no, todo será inútil. Quiero decir que el hechizo no funciona si la persona hechizada no está conciente de que está siendo hechizada.
- Extraño hechizo este -digo.
Durito continua sin hacerme caso: – Tráele un recuerdo bueno, uno de ésos que sirven para ver hacia delante y lejos, uno que le haga levantar la mirada y andarla largo y hondo. Dile que mire hacia delante, no al día siguiente, no a la próxima semana o al año entrante. Más adelante, más allá. No le preguntes qué ve. Sólo mírala mirar hacia delante. Si ves que su mirada se sonríe con ternura, entonces estarás perdonado y habrá trigo y playa y mar y viento y entonces podrá navegar de nuevo, que eso y no otra cosa es el amor.
Durito vuelve a tomar sus bártulos y continúa arreglando la galera. El destino del viaje es aún desconocido para mí, pero Durito guarda silencio, dándome a entender que debo irme a cumplir lo que me ha dicho.”
Sup Marcos.-Insurgentas!




