¡Ah! Mal de amores…

2007 Marzo 20
by Zurdo

“¿Y, hablando de velas, se puede saber por qué la tristeza que te vela la mirada?

Yo hago un ademán de “no tiene importancia”.

Durito interpreta y dice: – ¡Ah! Mal de amores… Pausadamente deja de lado martillo y serrucho, desembarca y, sacando su pequeña pipa, se sienta a mi lado.

  • Me supongo, mi futuro espolón de proa, que lo que te tiene triste y apesadumbrado no es otra cosa que una fémina, una hembra, una mujer pues. Yo suspiro. Durito sigue:

  • Mira, mi querido marinero de tina de baño, si quien os desvela es una mujer, pero una de única, entonces el mal es grave pero el remedio posible.

  • Yo me confesé – Resulta que si, que es una mujer, una de única, ella que es mar por muchas cosas más que el “<tania!>” que la nombra. En mala fecha me alejé de ella y ahora no encuentro el modo o forma de que me acoja de nuevo en sus humedades, que olvide malas tempestades, que me perdone pues.

Durito da una larga bocanada y sentencia:

  • Grandes y graves son tus faltas y extravíos, pero algo podré aconsejarte si prometes seguir mis indicaciones al pie de la letra.

Yo dije “si” con un entusiasmo que hizo a Durito saltar del susto. Como puede se recompone el parche del ojo y dice:

- Es preciso recurrir a un hechizo. En el amor el mundo es, como siempre, un rompecabezas, pero resulta que si uno de único se encuentra con una de única, las piezas adquieren sentido y forma y el rompecabezas se dilata y rompe caras, brazos y piernas.

- Y pechos-, digo yo frotando la angustia que siento en el mío.

- Bueno, a lo que voy es que el hechizo sólo tendrá efecto si ella, la Mar en tu caso, está dispuesta a someterse a él porque si no, todo será inútil. Quiero decir que el hechizo no funciona si la persona hechizada no está conciente de que está siendo hechizada.

- Extraño hechizo este -digo.

Durito continua sin hacerme caso: – Tráele un recuerdo bueno, uno de ésos que sirven para ver hacia delante y lejos, uno que le haga levantar la mirada y andarla largo y hondo. Dile que mire hacia delante, no al día siguiente, no a la próxima semana o al año entrante. Más adelante, más allá. No le preguntes qué ve. Sólo mírala mirar hacia delante. Si ves que su mirada se sonríe con ternura, entonces estarás perdonado y habrá trigo y playa y mar y viento y entonces podrá navegar de nuevo, que eso y no otra cosa es el amor.

Durito vuelve a tomar sus bártulos y continúa arreglando la galera. El destino del viaje es aún desconocido para mí, pero Durito guarda silencio, dándome a entender que debo irme a cumplir lo que me ha dicho.”

Sup Marcos.-Insurgentas!

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